«el Dios mío me oira» (Miqueas 7:7)

Muchas veces buscamos ser escuchados por las personas y terminamos decepcionados. Hay palabras que no llegan, mensajes que nadie responde y sentimientos que quedan guardados. Pero Dios nunca deja de escuchar.

Cuando hablamos con Él, no importa el lugar ni el momento. Dios presta atención a cada oración sincera, incluso a las que hacemos en silencio. Podemos confiar en que Él nos oye y actúa en el tiempo correcto.

Aplicación para la vida:
Hoy, en vez de cargar solo con tus preocupaciones o discutir con otros, tomá unos minutos para hablar con Dios. Contale lo que te duele, lo que te preocupa y lo que esperás. Recordá esta verdad: Dios te escucha y no te ignora.

Oración:
Señor, gracias porque siempre estás atento a mi voz. Te entrego mis cargas y confío en que me escuchás. Amén.

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